Últimamente nada más oigo disparates, bueno no debería emplear sólo el verbo "oír", también leo. Y es que la gente últimamente, no sé realmente por qué, no es coherente. Obviamente me incluyo a mí, ser que inconscientemente no es capaz de unir dos coherencias en una misma oración, y mira que lo intento. Por más que mire hacia atrás no veo más que situaciones insensatas en las que he creído vivir un cuento de hadas, sí en esos en los que un príncipe absurdo viene a rescatarte. Todavía no logro sacar de mí el hecho de que las películas son más que dos guiones bien aprendidos y el arte de saber actuar, nada es real, por eso mismo no ocurre en la vida diaria. No es por desilusionar, es por hacer ver que ya me choqué con esa pared que tanto añoraba mi regreso. Tarde o temprano, nos damos cuenta que la vida no es como la pintan, y que todo es muy difícil, las circunstancias se complican, y todo se vuelve negro. Negro, el color que tanto nos asusta y que cuando nos rodea nos hace sentir sentimientos a los que no estamos acostumbrados, aquellos que nos aterran: tristeza, soledad, amargura...
Escandaliza que alguien que está delgado diga que está gordo y que alguien que come a diario, por saltarse una comida se muere de hambre. No tiene ningún sentido que alguien diga "te quiero", cuando no es sentido ese sentimiento. Pero ya, ¿qué más da? Si hoy por hoy es una de las cosas más sonadas. No es justo, porque puede ocurrir como en el cuento del lobo, no sabes distinguir si es un sentimiento de verdad o es la confusión con el cariño. Hay que tener cuidado, el uso desmesurado de palabras mayores, aquellas que cuando uno es joven se te escapan de las manos, hace que éstas se desgasten y lleguen a ser poco creíbles.
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