18/7/11

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De nuevo la razón me traiciona y se convierte en mi mayor enemiga. Si pacto no volver a soñar, ella se rebela y con más intensidad me hace soñar. Si trato de entretenerla con mil disparates, se las ingenia para trazar un camino que hace llegar al mismo punto de siempre, aquel que me hace rabiar y flotar en una nube a la vez. Y es que, por mucho que trate de evitar que mi mente vuele sin límites, ella me sorprende con una situación hipotética y diferente a la anterior. Y no es que me disguste, todo lo contrario. Adoro ser soñadora y estar las 24 horas del día imaginando que puede pasar mañana conmigo. Pero, el problema radica cuando siento no sentir lo pensado y vivir situaciones adversas, que hacen que me choque una y otra vez con un muro, que mis espectativas se vayan al traste y quede como aquella ilusa que sólo quería soñar una vez más para evitar la desilusión del momento.

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