20/4/13

locura, transitoria.


- “¿Qué es locura? Pregunto mientras miro tus malditos ojos marrones, mientras me sonríes de forma astuta y caminas hacia mí, con intención de hablar.” -
- “¿Que qué es locura? Pues, la locura, querida mía, es aproximar mi cara tanto a la tuya que apenas quede aire para respirar. Locura es rodearte con mis brazos y no soltarte aunque tú misma me lo pidieras un millón de veces. Es querer verte a cada instante y hacerte feliz por cada segundo que pase. Puede parecer cursi, todo esto. Puede parecerte incluso ridículo, pero de lo que estoy aún más seguro, es que estoy loco de amor por ti. Tan loco que no te pienso dejar escapar. Pues me alimento de esta locura que tú me regalas. Y no sé exactamente si es lo que comúnmente se conoce como locura o si es un tipo de ésta. Locura que quiero que viva conmigo toda mi vida, si tú me llevas de la mano.” -
Entonces, padezco de locura y no lo sabía”. -

8/4/13

old love.

Si más sentido vuelvo a involucrarme en algún sentimiento del pasado, vuelvo a revivir lo que un día fue y ya es humo de fuego apagado. Intento repasar todos y cada uno de los detalles, creyendo que todo está enterrado, bajo tierra, a diez mil kilómetros de mi corazón. Pero es inevitable, aún sigue quedando la existencia de ti dentro de cada célula de mi ser. No digo que te eche de menos, todo lo contrario, de más, pero si que es cierto que tanto amor no podría desaparecer de un momento a otro, de un "hola" a un "adiós" tan repentino.

25/3/13

background

Das un paso hacia delante y al fin decides entrar en esa nueva habitación. Ésa misma que tanto deseabas explorar, de la que eres completamente ajena.
Una vez que el miedo ha desaparecido consigues meter la llave y hacer un giro de muñeca que acompaña al sonido de apertura. Empujas y lo ves todo delante de ti, todo nuevo, listo para ser investigado.
Por un momento sientes alegría, aunque sin llegar a la felicidad. Empiezas a mirarlo todo, con cierto nerviosismo que no te deja hacerlo del todo bien. Quizá ya que está abierta la puerta, haya más ocasiones de detenerse, por eso ahora, quizá no es importante ser minucioso.
Días después, quizá te das cuenta de que no era así como querías hacerlo, aunque ya lo hayas hecho. Ya es demasiado tarde para cerrar esa puerta, por mucho que quisieras. Los sueños empiezan de nuevo a caer, y la sonrisa que un día se dibujó.. vuelve a desaparecer poco a poco.
Miras a tu alrededor, y todo lo ves correcto. Incluso aquello que te parecía un disparate, es lo más cuerdo que jamás hayas podido imaginar.
Todo se reduce a la nada. Todo es incorrecto.
Vuelta a empezar, aunque esta vez con esa puerta abierta. Es algo distinto para ti, sí, quizá con algo más de miedo. Ya has perdido la oportunidad de ser especial.
Quizá nadie entienda estas tristes palabras. Quizá nadie entienda la metáfora reflejada en ellas. Quizá tus zapatos sean un número tan diferente al resto, que nadie sea capaz de sentir los mismos sentimientos. Quizá solo me quede la rabia acumulada.

24/3/13

I want this.

Quieres algo.
Lo buscas, Lo buscas, Lo buscas. 
Lo encuentras. Lo consigues.
Dejas de quererlo.
Caprichos de la vida.
Mejor evitarlos.
Imposiblre ignorarlos.

13/3/13

costumbres.

El reloj marca las 20:00.
Ambas almas gemelas caminan en dirección opuesta, y no lo saben. Ambas caminan a encontrarse, y lo ignoran.
En la misma acera. Ella ausente al mundo gracias a la melodía que asoma de sus cascos a toda voz. Él ligeramente preocupado por uno de los tantos pensamientos que inundan su cabeza.
Semáforo en rojo para peatones.
Se paran uno en frente al otro. Separados por unas líneas blancas, a escasos metros. Pero, aún no están preparados para darse a conocer.
Al día siguiente, misma rutina. O eso parecía.
Esta vez ella alzó la cabeza y lo vio. Estaba allí, en frente de ella, impaciente por el maldito semáforo en rojo. Rápidamente agachó la cabeza para mirar de nuevo sus converse negras.
Ella, creyente de su capacidad de ser invisible, pensó que podría subir un poco más el volumen de su música y hacer como si nada hubiese pasado. Pero, a pesar de ello, pasaron tan cerca el uno del otro que la atracción se hizo notar.
Pasaron los días y ambos, en la misma situación, sentían algo de curiosidad por saber quien era el otro. Compartían miradas de un lado de la acera a la otra, mientras esperaban los escasos minutos que duraba en cambiar el semáforo un color por otro. Después, era como volver a la normalidad.
Llegó el día en el que ella dejó de estar ahí a esa hora y pasó a ser uno de esos pensamientos que rondaban con normalidad en la cabeza del chico.
Semanas después, todo había dejado de ser como antes. La costumbre de las 8 de la tarde había desaparecido y todo por no dirigirse un par de palabras.

25/2/13

gracias.

Hoy más que nunca me da por recordar. Más bien, llevo una semana recordando. Es lo que tiene saber que es lo que queda. Recuerdos. Van y vienen a mi mente. En cualquier momento me abordan. Y me gusta. Me gusta recordar cuando pretendías hacerme reír con aquellas burlas: dedo pulgar sobre la nariz y un descoordinado movimiento de los otros cuatro dedos restantes, acompañado de los ojos grandes y una risa burlona. O, sino, esa especie de cohete espacial que hacías con los dedos y ruidos con la boca. Éste último, siendo herencia, al igual que el carácter que tanto te representaba.
¿Te acuerdas de todas las veces que me veías correr hacia la piscina y decías “al agua va otra vez”? Yo si. Pasaba las horas metida en la piscina y tú, venías a vigilarme por si acaso me pasaba algo; y de paso a hacerme alguna que otra foto con tu vieja cámara de carrete.
¿Y cuándo me compraba un “bollycao” y lo apretabas para que saliera todo el chocolate y decir “mira, mira el mojoncillo”? ¿Cuántas veces me habrás dicho que me echara un buen novio y prontito que si no se me iba a pasar el arroz?
Es increíble la velocidad con la que el tiempo pasa y los recuerdos se almacenan en la mente con el único fin de revivirlos una y otra vez. En especial, en momentos como los que ahora vivimos.
No puedo decir todavía que te echo de menos, pues aún, para mí, tú estás ahí sentado en tu butaca esperando a que alguno de nosotros vaya a visitarte para enseñarnos algún barco nuevo, un banjo o cualquier genialidad de estas que se te ocurrían con el fin de evitar el maldito aburrimiento.
Todo ha sido tan repentino, que no me ha dado tiempo a reaccionar.
Quiero que sepas, que jamás olvidaré todo los buenos momentos; me los quedo para mí, los guardado en el corazón como si fueran un pequeño tesoro.
No son palabras de despedida; no es un adiós, sino un hasta luego.

22/1/13

Una pequeña reflexión

¿Sabes qué? Prefiero sacar primero lo peor de ti, enamorarme de tus defectos y luego, poco a poco, dejarme sorprender por todo lo bueno que guardas.

19/1/13

aunque sólo sea una noche más

Lo único que los separa: la translúcida cortina que cuelga de la barra del cuarto baño.
Ella, aún ignorante de que la observan, se enjabona suavemente su largo pelo. Él, perplejo, se limita a observar su desnudo cuerpo, con las mismas curvas que recordaba de la última vez, desde aquel quicio de la puerta. Inmóvil, la mira sin parpadear ir de aquí para allá cogiendo y soltando los botes de champú, crema, gel.. - Sigue dándose duchas tan largas como canciones pasan por su mente -  Piensa con una pequeña sonrisa.
Su corazón empieza a palpitar cada vez más fuerte, y ella, como si lo notase se detiene un instante.. - No, no puede ser. Se marchó hace más de una semana -. Y sigue con su tarea.
Unos pasos le separan de ella. Tan solo dos, si es que no se quiere demorar demasiado.
La resistencia se marchita y en un momento en el que ella se encuentra con los ojos cerrados, él consigue meterse en la ducha.
Ropa, reloj, los zapatos nuevos y sus calzoncillos más preciados.. todo mojado. Mojado por una buena causa.
Ambos pechos ascendiendo y descendiendo al mismo compás. Miles de latidos que se centran en miradas.
A pesar de tener su cuerpo desnudo, no se preocupa en taparse. No sería la primera vez que lo ve. Aunque, en esta ocasión no es por eso.. sabe que lo que mira son sus ojos. Una mirada profunda color marrón chocolate, que hace perder la noción del tiempo hasta a un desconocido.
Parece haber pasado dos minutos, tres como mucho; pero, en realidad, van más de 10 minutos desde que dio la primera pisada dentro de la bañera.
Poco a poco, la tentación se hace mayor, y ambos cuerpos parecen deslizarse en dirección opuesta. Al encuentro. Sobran las palabras. Esta vez van a dejarlas a un lado para actuar, demostrar.
No saben si mañana les irá mejor, lo único certero es que esa noche iba a ser tan divertida como romántica.

18/1/13

un extraño.

Como cada día los trabajadores se dirigían a sus puestos de trabajo.
Los encargados de mi corazón se apresuraban. No es para menos. Era el que daba el pistoletazo de salida. Sin él funcionando, ningún otra parte de mí se atreve mover una sola fibra.
Pero hoy, no es un día común.
Como siempre, y en todos los trabajos ocurre, cada obrero ha de picar con su ficha. Y como ya he mencionado antes, hoy no ha sido como siempre.
Uno tras otro, cada persona importante, y digo importante porque es uno de los mejores puestos, en mi vida iba ocupando su lugar tras picar. Salvo tú. Que al introducir tu ficha, la luz roja parpadeó adelantándose a la verde. Todos se extrañaron, todos son buenos amigos y saben el por qué tienen ese puesto. A la vez, con cierta preocupación.. el tiempo se echa encima, el despertador está a punto de sonar.
Un intento tras otro, y nada.. luz roja. Así no se puede pasar.
El caos empezaba a adueñarse de todos y cada uno de los rincones de mi pequeño cuerpo.
¿Cómo iba a permitir mi corazón que entre un extraño? ¿alguien a quien desconoce? ¡¿Estamos locos?!
Entonces, lo comprendieron. Todos y cada uno de ellos, relajaron los músculos de su cara y empezaron a entender. Tú ya no eres el mismo. Has cambiado. Ya no eres esa persona que tanto me gustaba. Y como tal, mi corazón no te acepta. Ya no.
Dejaste de ser. Dejamos de ser.
Ahora, con una vacante, los demás tienen que conseguir el rendimiento del día a día. Y aunque sean menos, saben como hacerlo.
El despertador suena. Buenos días.

15/1/13

fear

Rompí un espejo, yo qué sé en que año.. y aún espero que la mala suerte cese.
Me limito a esconderme en una habitación a esperar que pase algo que cambie mi destino, que varíe lo que hoy existe en mí.
Pasan los trenes. Van y vienen provocando un ruido infernal, y con sus enormes focos consiguen cegarme. Me siento aturdida, esclava de las rejas de una cárcel que no existe.
Quizá, algún tren sea para mí. Quizá me tenga que levantar y correr hacia la puerta de alguno. ¡Sin pensarlo! Pero es que.. la mala suerte está ahí, ese espejo..
¡ah! hace 9 años que lo rompí. Eran 7 años de mala suerte ¿no?
Maldito miedo.
La perfección alcanza límites insospechables
para los ojos que la quieren ver.

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