18/1/13

un extraño.

Como cada día los trabajadores se dirigían a sus puestos de trabajo.
Los encargados de mi corazón se apresuraban. No es para menos. Era el que daba el pistoletazo de salida. Sin él funcionando, ningún otra parte de mí se atreve mover una sola fibra.
Pero hoy, no es un día común.
Como siempre, y en todos los trabajos ocurre, cada obrero ha de picar con su ficha. Y como ya he mencionado antes, hoy no ha sido como siempre.
Uno tras otro, cada persona importante, y digo importante porque es uno de los mejores puestos, en mi vida iba ocupando su lugar tras picar. Salvo tú. Que al introducir tu ficha, la luz roja parpadeó adelantándose a la verde. Todos se extrañaron, todos son buenos amigos y saben el por qué tienen ese puesto. A la vez, con cierta preocupación.. el tiempo se echa encima, el despertador está a punto de sonar.
Un intento tras otro, y nada.. luz roja. Así no se puede pasar.
El caos empezaba a adueñarse de todos y cada uno de los rincones de mi pequeño cuerpo.
¿Cómo iba a permitir mi corazón que entre un extraño? ¿alguien a quien desconoce? ¡¿Estamos locos?!
Entonces, lo comprendieron. Todos y cada uno de ellos, relajaron los músculos de su cara y empezaron a entender. Tú ya no eres el mismo. Has cambiado. Ya no eres esa persona que tanto me gustaba. Y como tal, mi corazón no te acepta. Ya no.
Dejaste de ser. Dejamos de ser.
Ahora, con una vacante, los demás tienen que conseguir el rendimiento del día a día. Y aunque sean menos, saben como hacerlo.
El despertador suena. Buenos días.

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