11/12/11

II

Todo va a ocurrir como en un cuento de hadas o como una historia de estas de película. Él ha llegado del brazo de Mónica, y Ella, simplemente con su interminable sonrisa. Aún no se han visto, pero son conscientes de que es posible el hecho de que sus miradas se crucen una sola vez. Suena el timbre, normal en una fiesta de este tipo, la gente no para de llegar. Justo en ese momento, la ve de pasar, pero ni siquiera ha tenido tiempo de observarla por un instante. Ella, ignorante aún, se dispone a volver a la fiesta, no sin antes bajar por las escaleras que daban al  patio trasero.Y entonces pasó, se queda mirándola impactado, va preciosa, es preciosa. Por fin se cruzan ambas miradas. Sonrisas tímidas, como si fuera la primera vez. Están bajo el mismo techo, ahora si son conscientes, y aunque él era de otra, las miradas no cesaban. ¿Qué están haciendo? Saben que está mal, lo suyo ya fue y debería ser historia pasada. Mónica ajena a todo esto, le da un beso a su novio y le dice que va a ir a charlar un rato con los demás invitados.
1 horas después.
Él decide mirarla por última vez, entonces se da cuenta de que está mal, ha bebido un poco más de la cuenta, y decide ir. En el camino hacia ella, se arrepiente del primer paso que ha dado, pero hay algo dentro de él que le dice todo lo contrario, es más le anima a abrazarla, a decirle que la quiere. 
Cada vez están más cerca el uno del otro. De repente, Mónica se acerca y le dice que ha de marcharse ya, todo ha sido genial, le da un beso y sale corriendo, su padre la espera. Ella decide irse a la calle, sabe que allí estará mejor, sola y reflexionando sobre lo que ha hecho esa noche. Él le ha perdido la pista, la busca hasta la saciedad y cuando ya está cansado, decide salir a a calle a furmarse un cigarrillo. Es entonces cuando la encuentra, ¡Por fin!, piensa. Un sentimiento extraño empieza a recorrer todo su cuerpo. Se acerca con un paso ligero. Está ahí, para él, como si de un ángel caído se tratase, triste, con la cabeza inclinada y con la mirada perdida. 
- Hola
Una pequeña sonrisa asoma de los labios de ella. Aunque no se sabe muy bien el motivo.
- ¿Te encuentras mal?
Asiente con la cabeza sin dejar de tener esa sonrisa leve que hace que el corazón de él palpite más y más.
- Lo siento. 
Lo mira, y empieza a sentir el mismo sentimiento. No se había fijado en lo guapo que se había puesto, aunque no fuera para ella.
- No tienes por qué pedir perdón, yo soy la única culpable de que ocurra todo esto. Yo y mi puta inseguridad.
Él se acerca tanto que ella puede oler su olor, su aroma incesante. Cree que ni cuando se ducha desaparece.
- ¿Sabes que te sigo queriendo como la primera vez?¿que cuando te he visto bajar por las escaleras he vuelto a sentir lo que sentí aquella noche en la playa?- Él empieza a soltar cada palabra, cada punto y cada coma que pasa por su mente.
- ¿Qué noche? - sabemos que se hace la tonta.
- Sabes muy bien cual, aquella en la que no pude seguir con mis deseos de olvidarte por culpa de tu belleza, de tu forma de ser...- Se levanta como enfadado y le pega un pequeño puñetazo a la pared. - Estás clavada en mí, y por mucho que pretenda arrancarte, sé que si lo consigo te vas a llevar parte de mí.-
Ella comienza a llorar.
- ¿Crees que eres el único?
La mira con cara de sorprendido, se pregunta a sí mismo qué coño está haciendo pues y la abraza. No resiste verla llorar.



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