7/12/11

favouriteplace.

Padecía de locura, o al menos eso es lo que dicen. Pero, ellos no saben lo que dicen, ¿que van a saber si son amantes de la ignorancia? Se sentaba allí, como cada tarde, escuchaba el mar, su melodía favorita, y veía a los niños recoger conchas. Pretendía contar las piedras, pero eso era como querer contar todos y cada uno de los granos de arena que comenzaban donde terminaba la última piedra y no se dejaban ver más allá de la última ola que rompe. Más allá unos cuantos barcos, que van de aquí para allá, de la orilla pobre a la rica. A lo lejos África y un poco más cerca, unos ingleses. No tan lejos, a unos cuantos metros de la orilla, donde se consume la última ola, una ilusa que escribe en su móvil una historia un tanto absurda sobre la playa que ama, su historia.
No es la más grande, tampoco la más limpia, pero permite descansar y observar la mejor vista de aquella ciudad, una pequeña ciudad situada en un rincón escondido del mapa.












No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores