Era tan creible que cuando desperté creí que la vida real era un sueño y no lo contrario. Muy a mi pesar, seguías sin existir, sin despertarme cada mañana con un beso tan suave como el terciopelo, sin hacerme sentir especial, sin quererme una vez más tal y como lo planteo cada noche en el mundo que inventé para los dos.
Tras poner los pies en tierra firme, intenté centrarme en mi vida sin olvidar lo ocurrido. Bajé a la cocina y tras hacer el café me dediqué a mover la cuchara en forma de circulos hasta que éste queda frío y dejándome recuerdos. Inmóvil en mi mente me inquieta día tras día, me hace sentir viva todas las noches.
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