Caminar sin parar, sin tener la necesidad de que tienes algo más importante que hacer. Sabiendo que todo lo que necesitas está ahí, donde te encuentras, con quien te encuentras. Escuchar el sonido del mar, con la única intención de azotar la orilla por la que tus pies caminan, te relaja hasta tal punto que llegas a cerrar los ojos y esbozar una sonrisa tímida. El calor abrasa tu espalda, pero te da igual, sabes que en cierto modo es bueno y te gusta. Te paras a descansar, miras hacia tu lado derecho,
y es cuando te das cuenta de que si te hubieras caído,
pinchado el pie con la púa de un erizo o quizá querer hablar, hubieras tenido la gran suerte de contar con
esa persona importante para tí. Vuelves a sentir, pero esta vez, la necesidad de abrazarla, besarla.. en fin, hacerle ver cuando aprecio puede llegar a tenerle y cómo puedes ser capaz de demostrárselo.

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