Está allí, inmóvil frente a Él, que la mira fijamente. Miradas que se cruzan de vez en cuando, carentes de sentido o, tal vez, expresaban tanto que son difícil de descifrar.
Impotencia.
Ante la negativa de pronunciar una triste palabra de amor y la victoria de la primera lágrima que amenaza por la mejilla de uno de sus mofletes, se gira para seguir su camino.
Mientras, Él saca el móvil del bolsillo y tras teclear un instante, suena la melodía especial que le dedicó a Ella y que más tarde ésta eligió como politono para cuando la llamase.
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