Cada vez es menos prescindible hablarte. Observo que te conectas y desconectas, pero no muevo el ratón en dirección a tu foto para hacer aparecer la ventanilla que me permita decirte "Hola, ¿qué tal estás?". Es extraño. Aunque, he de reconocer que es necesario. Nunca se ha de crear dependencia hacia otra persona, pues ocurre como con la droga, cada vez la necesitarás más y más. Por eso mismo, hoy me retiro un paso hacia atrás y me dejo en libertad. Libre de la cárcel de tu cuerpo, cárcel en la que creía vivir una hermosa condena.
Esto no quiere decir que en un futuro no muy lejano o remoto vuelva a tomar la decisión de caminar, no uno, sino dos pasos hacia la misma dirección de la que acabo de retroceder. Déjame desintoxicarme un poco de ti, y luego ya vemos qué tal vamos.
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