¿Indescifrables? ¡Já! El problema de ser tan difíciles de entender, nosotras las mujeres, no radica más allá de vuestro precioso y pequeño ombligo. Es fácil echar las culpas a otra persona, es sencillo no cargar con el muerto, pero lo que no sois capaces de entender es que no sabéis el motivo del enfado de una mujer hasta que no aceptáis la culpabilidad de vuestros actos.
Si te crees inocente, sin cargo alguno, no llegarás a comprender el pequeño dolor que has causado hoy en ella, porque, queriendo o no, has echo algo que la ha molestado. Y quizá, solo quizá, no haya sido el acto, si no la falta de agilidad para enmendar el error. Un gesto amable que no la haga sentir un trozo de carne, sino una persona especial.
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