Están los dos ahí sentados, en aquel café que recogía cualquier historia pasada de muchas parejas que pasaron por allí, Diego y ella. Diego está en su salsa, no puede pedir más. Con la mujer que ama, en su café favorito y tomando su bebida favorita. Ella, por el contrario, desea estar en otro lado y con su sonrisa superpuesta, muestra todo lo contrario. Ha hecho hasta lo imposible por ir, solo por el simple motivo de ver en Diego un ápice de esperanza, el último rayo de luz.
Habla y habla, mientras tanto ella sonríe y asiente pensando en otro motivo. Parecen cómplices de algo, pero solo es eso: parecen.
Entonces, Diego se aproxima a ella para enseñarle algo, algo sin importancia, solamente era una excusa para tenerla cerca. Llegó el momento, se aproximaron los labios. Pero, por suerte o por desgracia, suena su teléfono móvil. Se aproxima a ver lo que ocurre, un mensaje. Un simple mensaje que ha sacado la mejor sonrisa de ella, la verdadera. Entonces lo mira y las lágrimas comienzan a brotar de lo más profundo de su ser. Es una mezcla de alegría y dolor. Diego no sabe que hacer, permanece estático ante lo que comienza a suceder.
Ella se levanta y como si le fuera la vida en ella comienza a correr. Realmente no sabe muy bien a dónde ir, pero la línea recta le dice que está yendo en la dirección correcta.
Comienza a llover y llega a su destino.
Allí está, esperándola aunque sin esperanzas. Ella se acerca, "yo también".
Diego sin entender muy bien lo que había ocurrido, coge el móvil y lee el mensaje. Cabe destacar que lo dejó olvidado.
De: Él
"Te quiero".
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