A lo largo de un día puedes oir tantas risas y ver tantas sonrisas como zancadas das camino a tu casa. De tantas personas distintas como veces masticas ese chicle que tanto te gusta, el de tu sabor favorito. Pero, al final del día, justo cuando estas recuperado gracias a la ducha, tirado en tu confortable cama, justo en ese instante recuerdas que no oíste la más bonita. Aquella que cuando la oyes no hace falta mirar a la persona para saber a ciencia cierta de quien se trata. La carcajada más escandalosa que llena cada espacio de ti y la sonrisa de oreja a oreja que por mucho que lo intentes evitar, esboza el gesto más liviano de ti, tu sonrisa. Y es que saca lo mejor de ti. Por eso cuando no la percibes te preguntas por qué. ¿ Acaso la perdiste para siempre y ya no te pertenece o acaso está triste porque perdió a su admirador? A veces, es lo único que necesitas; otras, juegas a buscarla hasta que la encuentras y muchas, ansias por encontrarla en otra, aún sabiendo que es prácticamente imposible. Deberías luchar por hacer desaparecer esa sonrisa por un momento de la mejor forma. Acerca la tuya lo más cerca posible, hasta que la tuya también quede borrada.


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