Muevo y remuevo el café que a duras penas calienta mis manos, mientras, el humo sale disparado hacia arriba incesante. Tú, delante de mí, me observas fríamente. Nuestras miradas se cruzan siendo cómplices de un juego, que, a su vez, es incapaz de ser interpretado por alguien que no seamos ni tú ni yo. Paradójicamente, nos perdemos en nuestros pensamientos intentando averiguar qué pasa por la mente del otro, cómo hemos llegado a tal punto y por qué ahora somos como desconocidos.
Nos definimos como un péndulo que va y viene cortando, sin piedad, al viento. Realizamos pequeños movimientos que nos hacen cambiar de posición. Quizá otro ángulo nos aclare las ideas. ¿Qué pasa? Seguimos mirándonos con los mismos ojos, con la misma intensidad y sentimientos.
Está bien. Dejémoslo. Vamos a dejarnos llevar por el momento y ya mañana ajustamos cuentas.
Vuelvo y el café está frío.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario