Después de escucharte, después de ser la voz que calma, después de odiar, durante el día, a todo ser. Eres mi calma, mi latido lento. El sentimiento que se mueve, desde dentro, viajando por mi garganta, hasta dejar ir mi rabia. Porque aquello que me falta, para olvidar, son tus brazos, que me han de rodear.

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